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5.7.10
tantos libros que releer
Como canta Martín Buscaglia: "hay mil cosas, mensajes, mil cosas para hacer. tantos libros que releer, canciones para componer..." Todavía no me animé a lo de componer, pero acabo de releer una novelita de Abelardo Castillo, el escritor favorito de la casa, que se llama "La casa de ceniza" y que la recomiendo fervientemente. Es una historia de locura dentro de una casa fantasiosa, "que sólo un niño podría soñar, o entender" y que habla del miedo a la muerte frente a la juventud y la bellezas efímeras.
4.3.10
Federico García Lorca dijo cosas como esta:
"El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre. Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo"."
y yo me emociono
y yo me emociono
27.8.09
federico garcía lorca dice esto:
Señoras y señores:
No voy a levantar el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni
con un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y adonde dirige el
teatro sus luces para entretener, y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta,
con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto,
sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad. Con
toda modestia, debo advertir que nada es inventado. Ángeles, sombras, voces,
liras de nieve y sueños existen y vuelan entre vosotros, tan reales como la lujuria,
lasmonedas que lleváis en el bolsillo, o el cáncer latente en el hermoso seno de la
mujer o el labio cansado del comerciante.
Venís al teatro con el afán único de divertiros y tenéis autores a los que
pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y
aspira a conmover vuestros corazones enseñando las cosas que no queréis ver,
gritando las simplísimas verdades que no queréis oír.
¿Por qué? Si creéis en Dios, y yo creo, ¿por qué tenéis miedo a la muerte? Y si
creéis en la muerte, ¿por qué esa crueldad, ese despego al terrible dolor de
vuestros semejantes? ¡Ja, ja, ja! Diréis que esto es un sermón. Y bien, ¿es que es
feo un sermón? Casi todos los que me oyen han dado un portazo y han salido de
casa dejando a su padre o a su madre en un momento en que por su bien les
reñían, y en ese instante darían todo lo que tienen, hasta los ojos, por volver a oír
las dulces voces desaparecidas. Lo mismo ahora. Pero ver la realidad es difícil. Y
enseñarla, mucho más. Es predicar en desierto. Pero no importa.
Sobre todo a vosotros, gentes de la ciudad, que vivís en la más pobre y triste de
las fantasías. Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada.
Cuando suena el viento, para no entender lo que dice, tocáis la pianola; para no
ver el inmenso torrente de lágrimas que nos rodea, cubrís de encajes las
ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar al perenne grillo de la conciencia,
inventáis las casas de caridad.
¡Sermón!, sí, ¡sermón! ¿Por qué hemos de ir siempre al teatro para ver lo que
pasa y no lo que nos pasa? El espectador está tranquilo porque sabe que la
comedia no se va a fijar en él, ¡pero qué hermoso sería que de pronto lo llamaran
de las tablas y le hicieran hablar, y el sol de la escena quemara su pálido rostro de
emboscado!
La realidad empieza porque el autor no quiere que os sintáis en el teatro, sino en
mitad de la calle; y no quiere, por tanto hacer poesía, ritmo, literatura; quiere dar
una pequeña lección a vuestros corazones; para eso está el poeta, pero con gran
modestia. Cualquiera lo puede hacer. El autor sabe hacer versos, los ha hecho, a
mi juicio, bastante buenos, y no es mal nombre de teatro, pero ayer me dijo que en
todo arte había una mitad de artificio que por ahora le molestaba, y que no tenía
ganas de traer aquí el perfume de los lirios blancos o la columna salomónica turbia
de palomas de oro. (Hace unas palmas) ¿Quiere traerme una taza de café? Bien
cargado. (Se sienta. Se oyen unos violines) El olor de los lirios blancos es
agradable, pero yo prefiero el olor del mar. Yo puedo decir que el olor del mar
mana de los pechos de las sirenas, y mil cosas más, pero a él ni le importa ni lo
oye, él sigue llamando a las costas en espera de nuevos ahogados, esto es lo que
le importa al hombre. Pero, ¿cómo se llevaría el olor del mar a una sala de teatro ocómo se inunda de estrellas el patio de butacas?
No voy a levantar el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni
con un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y adonde dirige el
teatro sus luces para entretener, y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta,
con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto,
sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad. Con
toda modestia, debo advertir que nada es inventado. Ángeles, sombras, voces,
liras de nieve y sueños existen y vuelan entre vosotros, tan reales como la lujuria,
lasmonedas que lleváis en el bolsillo, o el cáncer latente en el hermoso seno de la
mujer o el labio cansado del comerciante.
Venís al teatro con el afán único de divertiros y tenéis autores a los que
pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y
aspira a conmover vuestros corazones enseñando las cosas que no queréis ver,
gritando las simplísimas verdades que no queréis oír.
¿Por qué? Si creéis en Dios, y yo creo, ¿por qué tenéis miedo a la muerte? Y si
creéis en la muerte, ¿por qué esa crueldad, ese despego al terrible dolor de
vuestros semejantes? ¡Ja, ja, ja! Diréis que esto es un sermón. Y bien, ¿es que es
feo un sermón? Casi todos los que me oyen han dado un portazo y han salido de
casa dejando a su padre o a su madre en un momento en que por su bien les
reñían, y en ese instante darían todo lo que tienen, hasta los ojos, por volver a oír
las dulces voces desaparecidas. Lo mismo ahora. Pero ver la realidad es difícil. Y
enseñarla, mucho más. Es predicar en desierto. Pero no importa.
Sobre todo a vosotros, gentes de la ciudad, que vivís en la más pobre y triste de
las fantasías. Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada.
Cuando suena el viento, para no entender lo que dice, tocáis la pianola; para no
ver el inmenso torrente de lágrimas que nos rodea, cubrís de encajes las
ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar al perenne grillo de la conciencia,
inventáis las casas de caridad.
¡Sermón!, sí, ¡sermón! ¿Por qué hemos de ir siempre al teatro para ver lo que
pasa y no lo que nos pasa? El espectador está tranquilo porque sabe que la
comedia no se va a fijar en él, ¡pero qué hermoso sería que de pronto lo llamaran
de las tablas y le hicieran hablar, y el sol de la escena quemara su pálido rostro de
emboscado!
La realidad empieza porque el autor no quiere que os sintáis en el teatro, sino en
mitad de la calle; y no quiere, por tanto hacer poesía, ritmo, literatura; quiere dar
una pequeña lección a vuestros corazones; para eso está el poeta, pero con gran
modestia. Cualquiera lo puede hacer. El autor sabe hacer versos, los ha hecho, a
mi juicio, bastante buenos, y no es mal nombre de teatro, pero ayer me dijo que en
todo arte había una mitad de artificio que por ahora le molestaba, y que no tenía
ganas de traer aquí el perfume de los lirios blancos o la columna salomónica turbia
de palomas de oro. (Hace unas palmas) ¿Quiere traerme una taza de café? Bien
cargado. (Se sienta. Se oyen unos violines) El olor de los lirios blancos es
agradable, pero yo prefiero el olor del mar. Yo puedo decir que el olor del mar
mana de los pechos de las sirenas, y mil cosas más, pero a él ni le importa ni lo
oye, él sigue llamando a las costas en espera de nuevos ahogados, esto es lo que
le importa al hombre. Pero, ¿cómo se llevaría el olor del mar a una sala de teatro ocómo se inunda de estrellas el patio de butacas?
31.3.09
chapuzón
Hacía falta salir, a ver un poco el cielo
A oler un poco el verde, a dejar de pensar
Siempre lo mismo
Que lindo que es mirar, y que los ojos vuelen
Donde puedan llegar, sin que nada los moleste
Que lindo que es estar al aire
Que lindo que es mirarte a vos
Que importante que es sentir que somos chicos
Que lindo es ver un perro y que no haya que decirle quieto ahí
Dame días de mas amor, dame días de vacación estoy vivo
Veo todo con más color, ya no quiero mas destrucción vamos al río
Más feliz que chapuzón, en pleno enero
Dejo la edificación atrás
Hoy no quiero caminar, si no es bailando,
Ya no quiero mas vivir, de mal humor
Creo que hay nudos que nos liberan
hace unos días conocí a tovien, una bandita de unos pibes de almagro realmente hermosa. esta es una letra de ellos , que dice cosas que pienso.
para escucharlos (y lo recomiendo) www.tovien.com.ar . son tan copados que tienen sus discos subidos. deléitense.
18.4.08
citando
Trágicamente, el hombre está perdiendo el diálogo con los demás, siendo que es allí donde se dan el encuentro, la posibilidad del amor, los gestos supremos de la vida.
Ernesto Sábato en "La resistencia"
Ernesto Sábato en "La resistencia"
enredada en
la cruda realidad,
que otros piensen,
reflexología
10.4.08
teoría de los 6 grados
Seis grados de separación es una teoría que intenta probar el dicho de "el mundo es un pañuelo". Dicho de otro modo, que cualquiera en la Tierra puede estar conectado a cualquier otra persona del planeta a través de una cadena de conocidos que no tiene más de cinco intermediarios (conectando a ambas personas con sólo seis enlaces). La teoría fue inicialmente propuesta en 1929 por el escritor húngaro Frigyes Karinthy en una corta historia llamada Chains. El concepto está basado en la idea que el número de conocidos crece exponencialmente con el número de enlaces en la cadena, y sólo un pequeño número de enlaces son necesarios para que el conjunto de conocidos se convierta en la población humana entera.
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