15.2.10

fortaleza, venme a buscar

¿será esto vivir? el constante devenir de los acontecimientos que me lleva de la calma a la tormenta en un mínimo intervalo. como un bote que ya zarpó, que ya dejó el puerto, el nido, muy atrás y está en pleno plan de navegación, aprendiendo al trote, flotando y sumergiéndose al mismo tiempo que transcurre sobre la clara superficie del agua. días enteros de paz, de plenitud, de alegría. y de golpe el sacudón que llega sin avisar, que llega para quedarse. un obstáculo que aparece, un alto en el camino que siempre puedo elegir rodear o atravesar. enfrentarsele es una decisión. lleva tiempo, todo lleva tiempo, la confusión y el caos reinantes dejarán lugar a la claridad nuevamente. pensar, sentir. cuál de las dos. esa disociación insoportable, tan pesada se me hace, no logro conjugar mi cuerpo con mi mente, se encuentran, se chocan y se vuelven a separar. me corro de mí misma, aparecen las represiones ocultas, esas que ni siquiera vislumbro entre tanta bruma. qué me gusta, qué deseo, cómo llegar al placer del deseo. dónde anclarme. pregunta constante sobre la propia fortaleza, la capacidad de transitar, la posibilidad del crecimiento. vaivén de preguntas inquietantes, inútiles, paralizantes. sueños traidores y un inconciente que sí existe. la lucidez absoluta se me mezcla con la oscuridad que me envuelve de a ratos en la que de repente no tengo idea de nada. impacientemente pienso en tener paciencia, en dejar de lado la ansiedad, en no resolver. ahí está la clave, eso sí lo sé. pero está en código, indescifrable por el momento. estos momentos de incertidumbre que se me vuelven tan insoportables, hay que aprender a transitarlos en la calma otorgada por el conocimiento, el atrevimiento, la valentía. me digo a mí misma que estoy en un momento en el que puedo afrontar estos desafíos. el remolino no me va a absorver. me va a sacudir. y voy a salir de ahí más fresca que nunca.

2 comentarios:

Catita, dijo...

fuerza malenis, fortaleza, y mucho brío (ja, ja)

te quiero, y estoy segura de que ambas amos a salir más frescas que nunca del sacudón!

perez dijo...

Sí, la vida es un quilombo.